martes, 30 de noviembre de 2010

Don Alejo no es un héroe

En los últimos días ha habido polémica en torno a don Alejo Garza., el señor que se enfrentó a un comando de narcotraficantes para defender lo posesión de su rancho en Monterrey, perdiendo en el acto la vida y cobrando la de cuatro delincuentes.

Concido en que don Alejo fue valiente en la defensa de su propiedad, resultado del trabajo de vida, mire que no es cosa fácil enfrentarse a un grupo de bandoleros a sabiendas de que la vida irá en ello.

Un ejemplo en cuanto a la valía de un sacrificio por defender el fruto de un trabajo de vida y, sí, porque no, también del honor.

No me sumo a quienes lo consideran héroe y un ejemplo a seguir en la manera de enfrentarnos los ciudadanos a la narcoguerra, pero si entiendo que se le vea por muchos digamos que como una historia de éxito en la que un civil le gana a los malos, aunque muera en ello.

Quedamos, sin pedirlo, en medio de esta lucha, hemos visto caer muchos civiles, a niños, a manos del narco o de la autoridad, hemos visto brutales matanzas contra gente que tuvo la mala suerte de estar en el lugar equivocado.

Lo peor que nos puede pasar ahora es sumarnos a esa lluvia de tiros sin sentido. Quienes ven a don Alejo como ejemplo a seguir no se dan cuenta que alaban lo mismo que critican a Felipe Calderón: enfrentarse a los delincuentes a puro balazo.

Y tambien, lo he dicho antes aquí, se genera un caldo cultivo para que los propios narcos fomenten esto de hacerse justicia por la propia mano con el fin de provocar una desestabilziación aún mayor.

En todo caso me parecen más destacables propustas como la de la organización Estemos Unidos Mexicanos, en el sentido de la coordinación ciudadana, a la protección pacífica del entorno inmediato y de la denuncia... Eso tampoco es cosa fácil y se requiere valor para enfrentarse al sistema judicial mexicano... Es carrera de resistencia.


Lo que refleja el caso de don Alejo, como el de Ascención, Chihuahua, donde hace unos meses sus habitantes lincharon a unos secuestradores, es la profunda decepción y desconfianza de la sociedad en las autoridades, en buena parte corruptas e ineficientes, que hacen sentir al ciudadano que no queda más que también sacar la pistola.

Mientras eso se resuelva, el presidente Calderón no tiene cómo presumir el triunfo de su estrategia.




martes, 23 de noviembre de 2010

Indolencia de autoridades ante epidemia de dengue

El año pasado, cuando el país se enfrantaba a la influenza AH1N1, con su característia actitud retadora a las decisiones del gobierno federal, los entonces gobernador Eduardo Bours y su secretario de Salud, Raymundo López Vucovich, la minimizaban, se reian de los cubrebocas y aseguraban que no llegaría a Sonora porque el calor mataba al virus.

Y de ahí no los sacaba usted hasta que se empezaron a presentar los primeros casos y las muertes en consecuencia. Entonces, tuvo que venir la acción correctiva.

Ahora, padecemos una epidemia de dengue, con más de 2 mil casos tan sólo en Hermosillo, y con una actitud no retadora, sino francamente indolente, el secretario de Salud, Bernardo Campillo García ha asegurado que el frío irá disminuyendo los casos.

El calor, el frío, en eso resumen las excusas las autoridades cuando no cumplen a tiempo su responsabilidad.

Si bien en el caso del dengue hay corresponsabilidad de todos, lo cierto es que las responsabilidades primeras son con las autoridades que no cumplieron con su labor preventiva, de concientización y de fumigación de espacios públicos, antes de la llegada del mosco y, más sabiendo, como ahora el doctor Campillo dice saber que esta temporada se cumplía un pico en el ciclo de la enfermedad.

Y no, no se vale en servidiores públicos la excusa de la curva de aprendizaje, no, porque ellos deben, y se supone que lo hacen, llegar preparados al ejercicio de su función.

En el Ayuntamiento tampoco se hizo el trabajo a tiempo e igual han tenido que entrar a las labores correctivas. Aquí destacó la actitud de los regidores priistas, de oposición, criticando ampliamante las fallas preventivas del Municipio... ellos también forman parte del gobierno municipal, integran comisiones, desde donde pueden también impulsar programas ¿para qué esperarase a que el error se cometa? Claro, pues para usarlo en beneficio político.

Y entrando a la autocrítica, hay que decir que los medios de comunicación también llegamos tarde y los ciudadanos no están cumpliendo del todo su parte, máxime cuando ya se sabe qué hacer para evitar la aparición de criaderos de moscos... ¿ya revisó y limpió usted su patio? ¿ya verificó que en al escuela de sus hijos estén limpias y fumigadas?

A todos, en la medida de nuestras responsabiliddades, nos falló esta vez y lo menos que debemos es aprender la lección y prepararnos para que no se repita.

Claro, tratándose de acciones preventivas y correctivas de salud pública la responsabilidad mayor es y será de la autoridad y aquí fallaron. 

El secretario Campillo tiene cuentas qué rendir, pero como no hay mecanismos para que lo haga ante los ciudadanos, no nos queda más que esperar que lo menos lo haga ante el Gobernador.

De quien por cierto, también ya se espera que empiece la depuración de su gabinete, más que de los soberbios, de los que no están cumpliendo, de a quienes simplemente los ha rebasado el servicio público.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El Centenario sin festejo

                                        Los generales Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón.

Está claro que al Gobierno federal no le interesa celebrar el Centenario de la Revolución Méxicana. Y no me refiero al disparatado gasto que realizaron para el Bicentenario de la Independencia, pero sí a unos festejos más notables.

Un gobierno emanado del conservador PAN, para un presidente como Felipe Calderón con complejo de general, no comulgan con los principios revolucionarios, que para empezar les representan al PRI y porque refieren al levantamiento ciudadano que derrotó al Ejército.  Imagínese festejar eso cuando se tiene a la milicia enfrentando una guerra que no le corresponde contra el narco y que en la percepción popular no la va ganando.

Por eso para Calderón, para los panistas, la figura revolucionaria es la de Francisco I. Madero y ya. Por eso ni el presidente ni el Secretario de Educación, Alonso Lujambio, han salido a regañar a los mexicanos por no querer celebrar el inicio de la Revolución, como lo hicieron con los de la Independencia.

Pero no sólo a ellos les causa urticaria la Revolución. Tampoco ha visto a usted a los líderes de la Iglesia Católica llamar a los festejos como si lo hicieron en septiembre pasado. Qué van a querer festejar si, aunque su pérdida de poder inició con las leyes de Reforma promulgadas por Benito Juárez,  fue tras el movimiento revolucionario que se reafirmó la separación de los asuntos de Estado, se impulso la educación laica y la prohibición a poseer bienes. Aunque Carlos Salinas les restituyó algunos de sus privilegios.

Qué va a querer festejar el clero mexicano si los revolucionarios no ondeaban la imagen de la virgen de Guadalupe y, peor aún, tras el triunfo de estos, se enfrentaron a la peor persecución religiosa con la guerra cristera impulsada por el general Plutarco Elías Calles.

Es el PRI el que mayor motivos de festejo tiene, por eso lanzó su propio programa, que también le quedó corto a Beatriz Paredes. Las prioridades de los priístas están puestas en la sucesión del 2012. No más.

Y aterrizemos en Sonora, teniendo ahora un gobierno emanado del PAN, con la ciudad de Cananea con un conflicto minero no resuelto del todo, pues por muy cuna de la Revolución Méxicana que sea, los festejos no pasarán de un festival cívico deportivo y quizá la inauguración de una plaza, que en realidad es del Bicentenario.

Y el PRI aquí en Sonora, por muy origen del partido que sea, sigue en la lona tras la derrota del 2009, apenas como queriendo reaccionar. Así que podrían darse por bien servidos con que le quiten el polvo a los bustos de los generales Elías Calles y Álvaro Obregón.

Y peor aún, ninguna institución educativa a nivel nacional o estatal ha programado mayor cosa en el ámbito académico.

A los ciudadanos, la Revolución también recuerda al PRI y todos sus excesos y, en general, por la situación de México, hay un desánimo generalizado y pocos ven motivos para festejar algo.

Mire, no hablemos de festejos, habría en todo caso que conmemorar fechas históricas como ésta. 

De la Revolución de 1910 tenemos a las instituciones que sostienen aún a México. Esas no son las malas, es la gente la que se corrompe y que bajo los principios revolucionarios, se crearon monstruos insaciables en las figuras de políticos, de gobernantes, de empresarios monopólicos, de líderes sindicales.

Los escesos de esa gente son los que hay qué reclamar, pero no debíeramos regatar los logros obtenidos en la Revolución de 1910, que finalmente fue un movimiento armado que tuvo respaldo de ciudadanos que hartos, cansados, dolidos, de las injusticias de la élite dominante.

En todo caso, debiera ser el momento para recordar, para analizar, para llevar a la reflexión los orígenes, desarrollo y consecuencias del movimiento revolucionario... y preguntarnos por qué entonces hubo mexicanos dispuestos a enfrentarse a un régimen para lograr un mejor país y por qué a esta generación, nos sobran las quejas pero nos falta pasar a la acción no con armas, pero sí con ideas, con propuestas y con el valor de realizarlas... porque los excesos, las injusticias de las que nos quejamos, ocurren también por nuestra indiferencia.

martes, 9 de noviembre de 2010

Los ciudadanos deben empezar la transformación



En los últimos días ha circulado en twitter la foto de un mensaje que un niño dejó en el altar ofrecido a los niños de la guardería ABC en Puebla, con motivo del Día de Muertos, que dice:

“Quiero decirles que voy a cambiar al mundo para que esto no se vuelva a repetir. Sigan luchando, todo terminará bien”.

Un mensaje lleno de inocencia, sí, pero a la vez de un gran espíritu, con la claridad de que algo está mal y la voluntad y la convicción de que mejorar.

Y entonces reflexioné sobre lo que puede pasar con el espíritu de ese niño creciendo en México. Un México, que como decía ayer la politóloga Denisse Dresser en su conferencia en la Feria del Libro, un país dominado por los monopolios políticos, empresariales y sindicales y con una sociedad deprimida como nunca, apática, que no reacciona a menos que sienta en carne propia una injusticia.

Ése, como otros niños, va a crecer escuchando lo difícil que es vivir en México, lo duro que está la crisis, con el miedo que provoca la narcoviolencia, con una educación pública deficiente... si no en su casa, de otros ciudadanos escuchará que se conforme con satisfacer sus necesidades básicas y que  no vale la pena enfrentarse a la corrupción y la desigualdad porque no se le puede ganar a la élite dominante, a menos, claro, que se convierta en parte de ella.

Y así será muy, muy difícil que logre preservar su convicción de mejorar la cosas... y ése es el ciclo que por décadas hemos repetido los mexicanos.

Y ya, a estas alturas nos debe quedar claro que la apuesta debemos hacerla a la sociedad. El cambio de fondo no vendrá de la élite del poder, simplemente porque para ellos las cosas así como están si funcional y véalos, cada tres años haciendo grandes promesas, grandes discursos, pero al final terminan brincoteando de cargo en cargo y de partido en partido.

Así es que los cambios de fondo tienen que venir de nosotros, de la suma de voluntades individuales, de tomar acción y, sobre todo, de educar a las nuevas generaciones en una cultura distinta.

Estamos en un momento muy difícil en México, es momento de entrar a una muy seria reflexión sobre lo que estamos los ciudadanos haciendo, a las autoridades resultados, lo cual también es obligación ciudadana, pero cuestionémonos  y reflexionemos qué en los hechos estamos nosotros aportando para que ese niño del recado, y todos en general, puedan mantener ese espíritu y traduzcan en acciones esa voluntad de hacer las cosas bien , para hacer mejor, no digamos el mundo, sino su entorno, nuestro entorno.

Porque si no empezamos ya estaremos cayendo en el mismo lugar común de los políticos de buscar un mejor estadio, de buscar un mejor futuro, pero sin salir de la inercia y hacer realmente algo para conseguirlo.


La cuestión con los mexicanos es que somos muy apáticos, no reaccionamos a menos que sintamos la injusticia en carne propia. No somos una sociedad madura como para hacer un boicot. Triste pero cierto.